Ahora lo recuerdo. Ese día tenía las entradas para ir a ver a Sonic Youth, la poderosa banda neoyorkina.
A horas para el impacto yo estaba allí, justo donde el meteorito pasaría. Había esperado ese momento con mucha ansiedad, no precisamente porque supiera lo que acontecería; justamente, no sabía a lo que me estaba enfrentando. Sólo quería cambiar algo de mi vida, algo muy arraigado, necesitaba un golpe, pero no un golpe cualquiera, necesitaba un impacto. Sólo un impacto así tuvo el poder de hacerme despegar.
Creo que el magnetismo acústico de las guitarras sónicas atrajo poderosamente al meteorito, que vino a dar justo sobre mi cabeza. No iba a chocar, pasaba cerca de la Tierra pero no chocaba. ¿Por qué tuve que ir a ese recital? Creo que construimos nuestro propio destino.
El día 0 fue mi último día con vida, al menos vida como la conocía, esa noche el meteorito Sónico impactó sobre mi cabeza.