Intrépido, sagaz, veloz
e incendiario, el cometa atraviesa la galaxia dejando restos estelares como
migas en un camino sin retorno. A medida que me alejo del Sol la sensación de
vacío se acentúa.
La distancia a la Tierra ha aumentado considerablemente.
En este vacío no hay vida, pero tampoco muerte. No hay
tiempo, pero tampoco eternidad. No hay luz ni sombra. Sólo un alma y un cometa.
Un abismo infinito se presenta ante mis ojos. La incertidumbre de no saber cuándo
regresaré me deja inmóvil. No es que pueda ir hacia algún lado. En unas pocas
horas puedo recorrer el cometa en toda su circunferencia y no hallar nada más
que roca gélida.
Sin embargo no hay signos de soledad, las estrellas me
acompañan
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