viernes, 31 de mayo de 2013

150 millones de kilómetros



Intrépido,  sagaz, veloz e incendiario, el cometa atraviesa la galaxia dejando restos estelares como migas en un camino sin retorno. A medida que me alejo del Sol la sensación de vacío se acentúa.
La distancia a la Tierra ha aumentado considerablemente. 

En este vacío no hay vida, pero tampoco muerte. No hay tiempo, pero tampoco eternidad. No hay luz ni sombra. Sólo un alma y un cometa. 

Un abismo infinito se presenta ante mis ojos. La incertidumbre de no saber cuándo regresaré me deja inmóvil. No es que pueda ir hacia algún lado. En unas pocas horas puedo recorrer el cometa en toda su circunferencia y no hallar nada más que roca gélida. 

Sin embargo no hay signos de soledad, las estrellas me acompañan

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