domingo, 21 de julio de 2013

Recuerdos del futuro

Siempre me imagino volviendo a casa solo. De noche. Luego de un día de trabajo largo y solitario. Como si fuese una película. Yo y mis cosas. Regresando a casa, sólo. Ahora que lo pienso, no dista mucho de la realidad.
¿Por qué siempre imagino estas cosas? Lugares, cosas, como si quisiera estar en otro sitio, haciendo otros proyectos.
Entonces despierto. El panorama es más desolador que en mis pensamientos.
Miro al horizonte y amanece el mismo universo que ayer, el mismo frío congelante que hoy, y las mismas estrellas que siempre. Sólo una se hace cada vez más grande: Júpiter. Mi astronave se dirige hacia El como una flecha de Cupido. Aunque mi papel como amante está lejos de ser correspondido. Es un amor destructivo. Si el cometa es atraído por la gravedad de Júpiter estoy frito, literalmente hablando.

Sin embargo mi reacción al pensar en esta proyección no es escandalosa. Busco a mi alrededor otro rincón donde seguir soñando, donde volver a despertar. Quizás desde allí el horizonte sea otro.

viernes, 31 de mayo de 2013

150 millones de kilómetros



Intrépido,  sagaz, veloz e incendiario, el cometa atraviesa la galaxia dejando restos estelares como migas en un camino sin retorno. A medida que me alejo del Sol la sensación de vacío se acentúa.
La distancia a la Tierra ha aumentado considerablemente. 

En este vacío no hay vida, pero tampoco muerte. No hay tiempo, pero tampoco eternidad. No hay luz ni sombra. Sólo un alma y un cometa. 

Un abismo infinito se presenta ante mis ojos. La incertidumbre de no saber cuándo regresaré me deja inmóvil. No es que pueda ir hacia algún lado. En unas pocas horas puedo recorrer el cometa en toda su circunferencia y no hallar nada más que roca gélida. 

Sin embargo no hay signos de soledad, las estrellas me acompañan

miércoles, 29 de mayo de 2013

1986

Un niño asoma su cabeza por la ventana. Su padre le señala al cielo. Allá en el horizonte, justo encima de Venus, parpadea el Halley. Es el año 1986 y el pequeño tiene su primer contacto con el astro. Y con el tiempo.
Su padre le comenta que el cometa no volverá sino hasta dentro de 70 años. El pequeño no tiene la capacidad de comprender la distancia
Lo asimila a la eternidad
Porque en sus libros un cometa mató a los dinosaurios, y esto fue hace mucho tiempo
1986 fue hace mucho tiempo. Los atardeceres eran eternos. El sol calentaba más, y los días no eran tan solitarios
Hubo una vez en que todo fue un sueño, y de ese sueño podías despertar tarde. Todo cambió desde que Sagan murió

lunes, 27 de febrero de 2012

Arena cósmica

El planeta celeste se aleja tras de mí a la vez que el astro rey se va haciendo cada vez más “real” delante mío, en el horizonte. Las tormentas solares, ráfagas de energía destructiva, van desgranando al meteorito poco a poco, pero consistentemente, continuamente, como una lima que va desgastando un fierro y cae el polvillo del metal haciéndolo parecer de arena. Este es mi principal problema.

La estela de la roca que va desfragmentándose me recuerda a la línea recta que dejaba mi bote en la calma de la bahía donde remaba, debajo de un majestuoso cerro. En esa época avanzaba sin pensar, siempre hacia atrás, hacia mis espaldas. Al llegar debajo de aquél cerro, inmenso desde donde se lo viera, no hacía otra cosa que quedarme atónito. Nunca tuve palabras para describir  aquella sensación, mi pequeñez frente a lo gigantesco.

En este momento descanso en una pendiente, mirando la estela cósmica. No es recta, sino curva. Apenas perceptible. No miro hacia donde voy, sino de dónde vengo. He dejado a mi viejo y a mi infancia en aquél cometa que pasara hace 25 años; quizás sea este que volvió por mí.

martes, 21 de febrero de 2012

Vida interior

El sol está cada vez más cerca, y eso afecta mi “nave”, y me afecta a mi; la velocidad con que arremete el meteorito sónico aumenta a medida que nos acercamos al atro rey.

Amanece sobre Venus. Con un poco de suerte estaré uno o dos días sobre este planeta, azul como la Tierra. Un respiro parece renovar mis fuerzas. Aroma a infancia, eternidad, y despreocupación. La roca abominable me ha devuelto algo que había perdido, pero no me deja disfrutarlo o vivirlo, pues la velocidad angustiante a la que orbitamos no hace otra cosa que paralizarme. Todo pasa a través de mi mente. Quizás ese sea el problema. Quizás ese ha sido el problema durante toda mi vida.

Los zombies que habitaban la roca no sobrevivieron a la tormenta solar. Pero han quedado sus gritos de dolor, sus fantasmas ahora habitan la roca, se esconden durante el día en agujeros o debajo de las piedras, y salen por la noche aullando como lobos sin madre ni pradera, o como hombres sin calma.

La agonía de vivir sin haber visto, de ver lo que ya ha pasado, y el deseo inútil de volver hacia atrás. Ya no se puede. La roca es atraída hacia el magnánimo al que todo en el sistema solar pertenece. Todo ha salido del sol, y hacia allí “vamos” ahora.   

lunes, 20 de febrero de 2012

Motor atómico

Así como la batería de aquella banda era su motor de propulsión, la energía imparable que la sostenía; así como la primera explosión atómica del universo esparció miles de átomos y formas de vida a lo largo de miles de millones de años, así viaja esta roca. Gigante e imperturbable, rápida y titánica

La conexión que he logrado con la roca me hace sentir que puedo, en cierta forma dominarla, o al menos transmitirle mi deseo de hacia dónde ir. Mañana pasaré exactamente sobre Venus. Nadie lo verá, pues de haber alguien en el planeta no puede ver el cielo, no de la manera en que lo conocemos nosotros

La densa atmósfera de Venus refleja una luz azul, espesa; esconde a la vez cualquier cosa que allí exista, sea vida o no. Al acercarme a miles de kilómetros por segundo puedo ver lo grande que es, puedo ver la extensa nube, el eterno efecto invernadero que domina al planeta. Quizás existan ahí abajo formas de vida que no conocemos, quizás primitivos dinosaurios en una densa selva húmeda. O quizás sea solo un desierto, sin absolutamente nada para ver. Nunca lo sabré desde aquí arriba.

domingo, 19 de febrero de 2012

Venus. Primera aproximación

En el vacío oscuro empieza a vislumbrarse una pequeña luz azul. Es hermosa. La reconozco. De chico mi viejo me la había enseñado, todas las tardes al caer el sol mi padre me mostraba a Venus, arriba del horizonte, más visible durante el verano

El recuerdo de mi niñez y los gases que emanan de la roca me están haciendo sentir más joven. El efecto sónico me está haciendo retroceder en el tiempo, imágenes y sensaciones que no recordaba “están aquí”. Estoy suspendido cabeza abajo. Como en el efecto de un ácido, no sé qué es real y qué está en mi cabeza, aunque si esta en mi cabeza también es real, al menos para mi. 

Hace treinta años tomé a un chico en brazos y le mostré el cielo, él miró hacia lo alto, hacia el infinito azul. Parecía absorber todo lo que le decía. Aquella figura que vimos, aquél cometa, yo nunca mas lo vería. Deseaba en lo profundo de mi ser que ese meteoro me llevase a recorrer el universo, me sacase de aquí, este lugar no era para mi